La luciérnaga
En la oscuridad del patio
de vecinos habita una luciérnaga. Una especie extraña, que no ha
sido descrita todavía por los hipermétropes biólogos, ocupados en
buscar vida salvaje más allá de las fronteras de los países
occidentales, y que tiene el cuerpo recubierto a partes iguales de
luz y de silencio.
Pero yo la he visto;
llevo años estudiando su brillo de noche, cuando el resto de los
seres vivos dejan de reflejar la luz del sol y su respiración entra
en el umbral del bajo consumo. La de ella no, la de ella permanece
encendida, la respiración, la habitación y el cuerpo entero. Es la
envidia de los contrastes radiológicos, tan necesitados de las
máquinas para brillar, y de todas esas lámparas de IKEA que viven
enganchadas a su diálisis continua de 125/220.
Es la envidia también de
las vecinas del bloque, que, sin saber de su potencia lumínica,
piensan que su familia tiene un televisor de setecientos millones de
puntos de color por cada pulgada. No se equivocan mucho en el
diagnóstico, porque el espectáculo que ofrece desde el cuarto piso
no tiene nada que pedir prestado al prime time de la mejor de las cadenas.
A lo largo de mi trabajo
de campo, he aprendido de la luciérnaga a valorar las bombillas de
interior, los fuegos artificiales telefónicos y los ataques al
corazón que cursan con aura, como las migrañas. También he tenido
tiempo de dormir en algunas noches de observación, pero casi siempre
he terminado despertándome de nuevo. Sus cosquillas inquietas
incandescentes levantarían de su tumba a los hijos de los hijos de
Morfeo. Al abrir los ojos ella estaba allí, pero a diferencia del
dinosaurio, tenía muchas más que una decena de palabras. Y todas se
las aprendía, hora tras hora, hasta convertirse en una luciérnaga
cubierta a partes iguales de luz y de silencio y llena de latín y ciencias naturales.
He leído en el vaho de la ventana que mañana, por fin, se tomará un día de descanso. Pero esta noche, en el corazón de la
ciudad más pequeña y en el corazón de la ciudad más grande habitará
la misma luciérnaga.
Pequeña aprendiz de heroína
eléctrica.
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